El verano deparó más de un cambio traumático en el conjunto de la Ribera del Manzanares: las ventas de Forlán, David De Gea y Kun Agüero, junto con la incorporación de multitud de futbolistas de menor renombre y el fichaje de un técnico como Gregorio Manzano, meticuloso, que ha triunfado siempre en equipos de menor perfil y en los que se le daba tiempo. El club buscaba un cambio de rumbo y estrategia después del paso agridulce de Quique Sánchez-Flores.
Nos encontramos con un equipo que a pesar de las dudas, ha mantenido un estilo desde el primer día de pretemporada, un estilo que se basa en el fútbol de toque y asociación, la presión adelantada para recuperar la pelota arriba y la disposición para tirar la línea defensiva.
Todo empieza en Courtois. El belga está destacando por sus grandes reflejos, agilidad y su desplazamiento de balón con la zurda. Es un porterazo, pero viene cedido del Chelsea... ¿es acaso el Atlético un equipo pequeño que forma jugadores a los grandes?.
En la defensa, nos encontramos con dos laterales profundos y ofensivos que abren el campo y llegan a línea de fondo con calidad y facilidad: Filipe Luis, mucho más cómodo que el año pasado, y Sílvio, un lateral de grandísimo nivel a la hora de atacar. El centro de la defensa es para Domínguez, Miranda o Godín, que son centrales férreos en la marca, expeditivos y con buena disposición para la salida del balón.
Por delante de la defensa, Mario Suárez es un fijo para Manzano en el puesto de mediocampista defensivo. Aporta equilibrio, buena asociación en corto de pelota y un correcto criterio táctico en el campo. A su lado, dependiendo del esquema, puede verse acompañado tanto de uno o de dos volantes, según el técnico jienense decida utilizar el doble pivote o los tres medios. Estos puestos los ocupan Tiago y Gabi, cuya función es la de mover al equipo. Requieren de un extraordinario derroche físico pues han de ser la referencia de sus compañeros tanto en el juego ofensivo como defensivo.
Reyes, que debía ser líder y referente del equipo, comienza a ver como el banquillo vuelve a ser su lugar, y es que sin Quique el utrerano no encuentra su sitio. Manzano debe recuperarlo, pero no parece que pueda liderar un juego de toque y posesión. Dentro de este estilo, el referente no puede ser un jugador cuya principal arma sea jugar a la contra, con espacios para matar con el recorte y disparo o la profundidad por banda. Si él no se siente realmente importante pierde muchos enteros.
Arda y Diego si son jugadores que se encuentran cómodos teniendo la pelota y buscando la constante asociación, así como el pase interior y el juego por dentro. Diego es un fijo para Manzano, siempre de la partida si físicamente está en condiciones mínimas de jugar. Para él es la pelota parada y todos los balones deben pasar por sus pies, lo cual en ocasiones ralentiza el juego e incluso lo obstaculiza si juega con Gabi y Tiago de volantes. Arda está demostrando que la irregularidad no le ha permitido asentarse como la estrella que podría haber sido. El Iniesta turco debe encontrar una buena versión de sí mismo en varios partidos seguidos para coger la confianza necesaria que su irregularidad y sus problemas musculares no le terminan de otorgar.
Por último, Falcao, el fichaje estrella, el más caro de la historia atlética. Un delantero panzer que dará muchas tardes de alegrías, pero al cual el estilo atlético le deja poco espacio para maniobrar. Se requiere un delantero que pivote y, aunque puede hacerlo, no es su mayor virtud. Al colombiano le vendría mejor un atlético a la contra con Diego de lanzador, Reyes por izquierda y Juanfran por derecha surtiéndole de balones para ganar el espacio de remate a dos centrales. En vez de eso se encuentra jugando de espaldas en el área ante dos centrales y un mediocentro, hábitat en el que es casi imposible que salga vencedor.
Una vez más, la incongruencia entre lo que quiere la directiva, reflejo del entrenador que contrata, y los jugadores que ficha, hace que los resultados no lleguen. La desesperación se apodera una vez más de la afición (y van….) y el crédito de Goyo se agota mientras continúa buscando soluciones a sabiendas de que la situación en Liga y en Europa aun está bajo control. Pero el público es soberano. Como también lo es el aburrimiento al que le somete su equipo cuando debe mandar en casa. Falta velocidad y espacios. Sobra toque y posesión.
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